miércoles, 23 de mayo de 2012

Wert, el imbécil de la corte


Seguramente muchos de los que estén leyendo esto lo hagan a la llamada de un aparente insulto en el título, esperando una somanta de improperios que desfoguen mi ira contra los políticos que tanto están afectando mi día a día. Siento defraudaros si es ese el caso. Y es que voy a empezar por aplicar uno de los pocos recuerdos que me quedaron de mi profesor de filosofía de 3º, y es la definición de imbécil en base a su etimología. Imbécil tiene su origen en la composición in-bacillum, que literalmente significa "sin bastón". Aquel que habla sin bastón, es decir sin apoyar sus argumentos en nada absolutamente válido, es un imbécil. Y he ahí la explicación del título: Wert es un ministro cuyos razonamientos se basan en estereotipos y sentencias sin fundamento, seguramente influenciado por su formación profesional en estudios estadísticos, donde la media es la verdad y la individualidad es una propiedad a ignorar.

Que un ministro, con toda su cohorte de aduladores que se regodean en la cornucopia de la abundancia que han construido a costa de una clase baja cada vez más numerosa y que pasa verdadera hambre, diga que quien no pague la educación de sus hijos es porque no se quita de otras cosas, se merece palabras mucho más gruesas que un inocente "imbécil". Hace años, cuando la política era una dedicación y un servicio al país en lugar de la profesión mejor remunerada del país, argumentos como éste habrían provocado una dimisión o al menos una disculpa pública a la altura de la ofensa. Pero eso es algo que por desgracia quedó para los anales de la historia.

Tengo amigos y compañeros que han estudiado gracias a becas para no repetir la historia en una familia sin estudios o incluso inexistente. Niños huérfanos con hermanos a su cargo o con una madre viuda con una pensión pírrica; hijos mayores de edad, que en ejercicio de su plena capacidad de decisión, deciden estudiar una carrera universitaria en contra de la opinión de una familia que vive en una chabola y le empuja a buscar chatarra; o simplemente estudiantes excelentes hijos de clase media que no ven reconocido su esfuerzo. Hay muchos casos que merecen su atención y no su desprecio. Señor Wert, que la media que le ofrecen sus estudios de mercado le indiquen que una familia media puede asumir un determinado coste de estudios por hijo no significa que todos puedan aspirar a ello. Señor Wert, que los prejuicios labrados en su paso, por lo que se observa traumático, por la universidad allá por los años 70-80 no le hagan resolver problemas que no existen y crear otros nuevos. Señor Wert, hable con propiedad, hable con respeto, hable con cariño si es que todavía le queda algo. Señor Wert, no sea un imbécil.

Fuente: http://pablotrinidad.es/desvarios/199